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Uno de los destinos más frecuentes elegidos por los bahienses para los fines de semana o las vacaciones son las sierras de la Ventana. El “típico” paisaje de pastizal entre las sierras captura nuestra atención y ayuda a que nos olvidemos por un tiempo de la ciudad. Nos imaginamos que es un lugar inalterado y virgen. Lo que no sabemos es que este ambiente está modificado y que, por lo tanto, el verdadero pastizal se vería de otra manera.

 

No es lo que parece: paisaje modificado

La incorporación de árboles como el pino y la retama (arbusto de flores amarillas y lindo aroma), ambos agregados al paisaje del mirador del cerro Ventana, modifican las condiciones fisicoquímicas del suelo y del ambiente, afectando la supervivencia y desarrollo de las especies nativas. También han sido incorporados los ciervos rojos y las grandes tropillas de caballos cimarrones que ejercen presión de pastoreo en el ecosistema. En su lugar, deberíamos ver solo ciervos de las pampas, guanacos y pastizal sin árboles.


Los incendios son recurrentes en los pastizales. Casi todos los años, durante los meses de verano escuchamos en los medios de comunicación el surgimiento de nuevos focos. Si bien estos no son más que componentes naturales del ecosistema, el problema surge debido a causas antrópicas que modifican su frecuencia e intensidad transformándolos en componentes perjudiciales.

 

Posibles soluciones

El pastizal alberga muchas especies nativas características de este hábitat que se ven afectadas por los diferentes disturbios. La existencia de áreas protegidas, como el Parque Provincial Ernesto Tornquist, ayuda a mantener un estado de conservación relativamente bueno.


Es importante conocer cuáles son las especies de flora y fauna originarias, ya que su presencia nos permite inferir cuál es el estado de conservación del pastizal. Además, conociendo su biología y ecología se puede determinar cuál es el grado de recuperación de dicho pastizal.


Actualmente está llevando a cabo un estudio del banco de semillas en éstas áreas para así poder comprender el efecto real sobre la flora autóctona. Además, se está trabajando sobre poblaciones de la tarántula Grammostola vachoni (endémica de Argentina) que solo habita en los pastizales serranos por lo que su distribución y abundancia podrían verse afectadas por las perturbaciones.


Con la información obtenida a través de estos estudios, se podrían establecer indicadores y elaborar modelos que permitan la evaluación del estado del pastizal así como instrumentar medidas de recuperación.

Cecilia Cerquetti - CERZOS