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Por Roberto A. Distel

La reflexión del método científico debería ser una práctica común y frecuente a nivel del grupo de investigación, porque contribuye a su éxito. El ejercicio requiere de inquietud filosófica y de una vida académica intensa, como las principales fuerzas movilizadoras del pensamiento reflexivo y del desarrollo de una actitud crítica. Solo a través de tal reflexión se logra tomar conciencia plena de la importancia del problema a investigar, de su profundidad y fecundidad, del rol que tiene la imaginación en la generación de ideas, y del requerimiento de un control experimental riguroso para la obtención de datos confiables. Estudiosos del tema afirman que el científico con inquietud filosófica recibirá estímulos para encarar su trabajo con mayor profundidad y responsabilidad, y que como consecuencia de esto sus contribuciones serán más relevantes.

 

Es de esperar, además, que la reflexión acerca del método científico contribuya a mejorar la tasa e impacto de las publicaciones, la obtención de financiamiento, y la formación de recursos humanos. Publicar en las mejores revistas de la especialidad, dentro del ámbito científico académico, acredita idoneidad y aumenta el potencial y las posibilidades a la hora de comenzar a competir por fondos para el desarrollo de los proyectos de investigación. En cuanto a la calidad de la formación, esta debería quedar reflejada en el logro de habilidades para identificar problemas relevantes y llevarlos adelante con profundidad y mínima supervisión. Igualmente dichos logros están condicionados por el esfuerzo, el interés, el deseo de aprender, la imaginación y la creatividad, atributos que no se pueden transferir de un individuo a otro sino que son el fruto de la inteligencia y del compromiso personal.

 

El Dr. Roberto A. Distel es investigador independiente en el Centro de Recursos Naturales Renovables de la Zona Semiárida (CERZOS, CONICET-UNS).