Home Información Institucional Higiene laboral: Olores - Parte I
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Olores: un factor de calidad y confort en ambientes interiores - Parte I Imprimir E-mail

olores ambientalesLa percepción de un olor por el ser humano genera una respuesta de tipo psicofisiológica que justifica la importancia que en la vida diaria tiene el sentido del olfato. Los ambientes interiores tales como oficinas, centros comerciales, hospitales, etc., son espacios en los que, a menudo, la percepción de olores desagradables genera quejas sobre la calidad del aire. Por ello, en los ambientes interiores, junto a alteraciones de la salud que puedan manifestarse, hay que considerar de forma especial los efectos de tipo sensorial tales como olores y/o irritación de las mucosas olfativas. Esto se debe a que es muy alta la prevalencia de estos últimos en forma de síntomas y/o quejas entre los ocupantes de un edificio que presente problemas en el control de la calidad del aire.


Introducción

El ser humano percibe el aire como la suma de dos sensaciones difícilmente diferenciables, una olfativa y otra química o irritante, que se dan de forma simultánea frente a muchos compuestos químicos. La sensación olfativa es afectada por un gran número de sustancias aunque la posibilidad de identificación de las mismas sea muy limitada. La sensación irritante, que depende de las terminaciones nerviosas libres del nervio trigémino, se extiende por todas las membranas mucosas y se manifiesta, también, frente a un gran número de sustancias generando sensaciones que se describen como picor, irritación, quemazón, frescor, molestia, etc. En un edificio, el aire contiene cientos de compuestos químicos a concentraciones muy bajas, miles de veces inferiores a cualquier valor de referencia existente para aire, por lo que intentar su identificación y su control es imposible. Además, cuando ocurre un problema de aire cargado, irritante, molesto o de mal olor no existe, en general, un único responsable sino que se trata de un efecto combinado, por lo que se tiende a considerar a los olores en un interior como una clase única de contaminantes.

Casi todas las sustancias irritantes pueden también estimular las sensaciones olfativas olorosas e irritantes. Normalmente se nota que un olor tiene un "toque" o un "algo" que implica la coactivación de ambas. Algunas veces los productos de limpieza e incluso productos de higiene personal "anuncian" su eficacia con un aroma a limpio o refrescante procedente de un compuesto con una sensación irritante. Cuando se realizan experimentos con personas se solicita, a menudo, a los participantes que separen, frente a un estímulo, los atributos de olor de los de irritación. Para ello puede recurrirse a personas que carecen de la función olfativa o individuos anósmicos, ya sea por nacimiento o por accidente, y se compara su respuesta frente a sujetos normales o normósmicos.

Para establecer la calidad de un aire no es suficiente con conocer la composición del mismo, sino que hay que tener en cuenta su impacto en las personas que lo respiran. Se puede definir un aire de calidad como aquel que aporta al ser humano lo que él quiere y, así, el aire en un edificio será de calidad alta o pobre según sus ocupantes estén, o no, conformes con él. En la práctica se pide que el aire que se respira, además de no representar ningún peligro para la salud, resulte fresco y agradable. Éstas son cualidades que están directamente relacionadas con la presencia de compuestos con buen olor, por ejemplo, de los productos usados en limpieza y deodorización si bien aun estos pueden resultar irritantes para algunas personas hipersensibles.

Efectos sobre la salud

En el caso concreto de los olores, los efectos adversos descritos por la presencia en un interior de aromas, perfumes, humo de tabaco, olores no familiares o desconocidos, etc., incluyen efectos somáticos difícilmente justificables por las concentraciones presentes en aire. Entre los citados en la bibliografía se hallan náuseas, vómitos, dolor de cabeza, algunas reacciones aparentemente neurotóxicas, tales como comportamiento evasivo, pérdidas de memoria o problemas de concentración, interacciones con otros sistemas sensoriales o biológicos que provocan reacciones de hipersensibilidad y cambios en las pautas de respiración, y estrés, especialmente frente a olores repetitivos y/o no identificados. Algunos de estos efectos dependen de la dosis y pueden aumentar con el tiempo.

Principales fuentes contaminantes de olores

Es importante distinguir entre los olores procedentes del exterior, que pueden llegar al edificio a través de los sistemas de renovación de aire o por infiltraciones a través del suelo o desagües, y los generados en el interior del propio edificio. Los primeros están muy influidos por la situación del edificio respecto al entorno, especialmente por su proximidad a zonas de tráfico intenso, a vertederos, a actividades agrícolas o a instalaciones industriales. Sin embargo, la mayoría de olores tienen su origen en el propio interior del edificio, siendo la causa principal sus ocupantes y las actividades por ellos desarrolladas.

Características de un olor

La intensidad o fuerza de un olor depende de la concentración en aire del compuesto(s) que lo origina y varía según una función exponencial: l = kCn . En este punto también es importante el tiempo de residencia del mismo, el que dependerá de la eficacia del sistema de renovación del aire. El exponente n varía en un margen aproximado entre 0,2 y 0,7, y es un parámetro crítico como indicador de la efectividad relativa de la dilución para el control de un determinado olor. Existen diferentes métodos para establecer la fuerza relativa de un olor. Algunos, como el propuesto por la American Society of Heating, Refrigerating and Air Conditioning Engineers (ASHRAE) define la siguiente escala:

0 = sin olor o justo reconocible,

1 = olor ligero,

2 = olor moderado

3 = olor fuerte.

Otros utilizan el concepto de unidades de olor que indican el número de volúmenes de aire limpio (sin olor) necesarios para diluir el olor existente en el ambiente hasta el umbral de olor. También pueden usarse diferentes concentraciones de un compuesto de referencia como el n-butanol. En el caso de mezclas, se presentan efectos interactivos complejos ya que la intensidad percibida es inferior a la suma de las intensidades percibidas para cada uno de los componentes individuales. De forma aproximada puede estimarse la fuerza de una mezcla con olor, con una exactitud del ±50%, a partir del componente individual de mayor olor.

La calidad de un olor o carácter: permite describir y diferenciar cualitativamente los distintos olores. Su descripción utiliza términos tales como olor  afrutado, mohoso, rancio, perfumado, olor a sudor, a alcantarilla, a nuez, a creosota, a podrido, a quemado, etc. En el caso de que se presenten simultáneamente dos olores, si la calidad u olor característico de cada uno de ellos es lo suficientemente diferente, podrán distinguirse separadamente. Ello explica los fracasos que se obtienen a veces al intentar enmascarar un olor con otro -en teoría- agradable.

La aceptabilidad o tono hedónico de un olor: es un factor totalmente subjetivo que permite hablar de olores agradables, desagradables, nauseabundos, etc. En un ambiente interior suele ser una característica poco significativa ya que al estar la percepción de un olor basada en una combinación entre la frecuencia de aparición, su calidad y su intensidad, incluso olores aceptados con agrado tales como perfumes, comida, café, etc. pueden ser molestos según el momento en que se manifiesten o si se prolongan en el tiempo. Además, una exposición continua y prolongada a ciertos olores puede causar una disminución en la habilidad para percibirlos al desarrollarse una adaptación olfatoria.


Por Maria Adela Burgos y Marta Dailoff. Miembros de la Comisión de Seguridad e Higiene-CONICET Bahía Blanca

Material elaborado a partir del artículo "Higiene Laboral. Olores: un factor de calidad y confort en ambientes interiores", publicado en la revista Estrucplan On Line, Salud, seguridad y medio ambiente en la industria.

 
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