Home Información Institucional Higiene laboral: Olores - Parte II
Número 8
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Olores: un factor de calidad y confort en ambientes interiores Parte II Imprimir E-mail

altEl presente artículo es la continuación de la primera parte, publicada en el número anterior del Boletín.


Umbral de olor: Es un valor teórico obtenido a partir de la percepción sensorial realizada por un porcentaje especificado de la población. No es un hecho fisiológico o una constante física sino que representa un valor estadístico.

Es conveniente distinguir distintos valores de percepción del olor, a saber:

1) Umbral de detección o concentración mínima del compuesto que producirá una respuesta sensorial en los receptores olfativos de una población dada, en un porcentaje que, por convención, se ha especificado sea el 50%, aunque se puede elevar  al 100% si se quiere incluir a la población menos sensible o reducirlo al 10% para considerar sólo a la más sensible, y

2) Umbral de reconocimiento o concentración mínima que una parte de la población (generalmente el 50%) es capaz de describir como el olor de un determinado compuesto.


La Organización Mundial de la Salud (OMS, 1987), en su Guía de Calidad de Aire para Europa, considera también un umbral de molestia:

3) Umbral de molestia o concentración a la que sólo una pequeña proporción de la población (< 5%) manifiesta molestias durante una pequeña parte del tiempo (< 2%). Dado que la sensación de molestia puede estar influida por factores psicológicos y nivel socio cultural, un umbral de molestia no puede definirse sólo en base a la concentración.

A modo de resumen puede decirse que el umbral de detección está relacionado con la intensidad, el umbral de reconocimiento con la calidad y el umbral de molestia con la aceptabilidad.

Existen varios trabajos sobre olores en los que se recogen los datos disponibles sobre este tema. La American Industrial Hygiene Association (AIHA) publicó en 1989, como ayuda para la investigación higiénica, una revisión crítica de datos sobre umbrales de olor (detección y reconocimiento) para compuestos con valor límite de exposición para puestos de trabajo (Threshold Limit Value TLV [1]). Comparando estos datos con valores umbral de irritación se observa que los valores de olor suelen ser muy inferiores a los de irritación y, por tanto, no es por criterios de irritabilidad que se justifican las quejas y molestias que su presencia en un ambiente interior, e incluso al aire libre, genera entre la población. Una excepción importante es el formaldehído, contaminante muy frecuente en interiores, que, según datos de la OMS, tiene un umbral de olor de 0,06 mg/m3 y un umbral de irritación de 0,1 mg/m3 para exposiciones cortas.

Evaluación de un olor

Dada la complejidad del factor olor dentro de la percepción general de un ambiente interior, su evaluación es una herramienta crítica para el establecimiento de la calidad del aire y se ha convertido en una ciencia especializada, con una aplicación directa en aquellos casos en que es difícil establecer una diferencia clara entre olores molestos y (el malestar que ocasionan). La ASHRAE (Standard 62-1989) ha desarrollado unos estándares de ventilación destinados a limitar en los edificios los problemas de olor debidos a sus ocupantes, principalmente bioefluentes y humo de tabaco, para lo cual establece unos aportes de aire basados en unidades por persona. En realidad, como ya se ha comentado, en un interior hay otras fuentes contaminantes responsables de la presencia en aire de un gran número de compuestos químicos con muy variados límites olfativos. La determinación química de los mismos no aporta, salvo excepciones, ninguna solución a las quejas de olor que se asocian, con frecuencia, con el Síndrome del Edificio Enfermo. En principio es preferible otro enfoque consistente en preguntar a la gente cómo percibe el aire y expresar su calidad como porcentaje de insatisfechos en un determinado momento, por ejemplo justo al entrar en un ambiente. En 1988, Fanger definió las bases para una mejor comprensión de muchos de los problemas que se manifiestan en un interior al incorporar este concepto a sus estudios e introducir dos unidades nuevas, el olf y el decipol, para cuantificar las fuentes contaminantes y los niveles de contaminación tal como los percibe el ser humano.

Un olf se define como la contaminación emitida (bio-efluentes) por una persona estándar, es decir un adulto medio que trabaja en una oficina o en un entorno no industrial similar, sedentario, que está en un ambiente de confort térmico, y que tiene un estándar higiénico equivalente en promedio a 0,7 baños/día.

A partir de esta definición de olf cualquier otra fuente contaminante puede expresarse en número de olfs, es decir, en número de personas estándar necesarias para que el aire resulte igualmente insatisfactorio. La calidad de un aire puede, por tanto, expresarse en función del porcentaje de insatisfechos, es decir del número de personas que cuando entran en un local encuentran el aire inaceptable. Se toma como referencia un ser humano porque existe un buen conocimiento de cómo percibe éste los bio-efluentes.

Dado que la contaminación del aire depende de la fuente contaminante y de la dilución de esta contaminación que se logre con la ventilación, se define un decipol como la contaminación ambiental generada por una persona estándar (un olf), pero teniendo en cuenta un aporte de 10 L/s de aire no contaminado (1 decipol = 0,1 olf / (L/s)). Es decir, un decipol es la calidad de aire percibida en presencia de un olf con una renovación con aire fresco ventilado a 10 L/s. Dicho de otra forma, a medida que aumente el número de decipoles disminuirá la calidad del aire y aumentará el número de insatisfechos.

En edificios bien ventilados con fuentes de contaminación bajas (edificios sanos) la contaminación percibida en el aire está por debajo de 1 decipol, lo cual, según los estudios realizados, implica un máximo del 15% de insatisfechos. Los espacios con poca renovación o con fuentes contaminantes de importancia, pueden percibir una contaminación en el aire de 10 decipoles o un 60% de insatisfechos. En la práctica, el objetivo de conseguir en un interior una calidad de aire con un 1% de insatisfechos, es decir 0,1 decipol, es difícil de alcanzar.

Existen propuestas para utilizar estas unidades para calcular la ventilación necesaria desde el punto de vista del confort y lograr un determinado nivel de calidad de aire. Para ello se expresa en olfs la potencia (o fuerza) de cada una de las fuentes contaminantes presentes en un interior y su suma da la carga sensorial u olfativa con la que se calculan las tasas de ventilación adecuadas. Hay que tener en cuenta que por el momento el olf y el decipol sólo pueden medirse usando al hombre como unidad de medida, lo cual significa usar paneles de opinión. Es un desafío para el futuro desarrollar un instrumento –una “nariz mecánica”– que pueda medir la "contaminación percibida" en aire, es decir un medidor de decipoles.

Hay que destacar que los decipoles no informan respecto a si la contaminación existente representa un peligro para la salud, ya que cualquier riesgo específico debe considerarse por separado. Sin embargo, debe considerarse que en algunos casos puede representar una primera aproximación en este sentido.

La realización de medidas mediante paneles puede ser en algunos casos necesaria para verificar, en la práctica, que los requerimientos de confort se cumplen. Pueden hacerse utilizando paneles no entrenados aunque la mayoría de investigadores prefieren personas entrenadas (expertos). En ambos casos los panelistas deben refrescar primero sus sentidos respirando un aire de buena calidad, ya sea exterior o en una habitación especial, y emitir su opinión inmediatamente después de entrar en contacto con el aire a estudiar.

Los dos métodos más utilizados para evaluar la calidad de un aire son el método decipol y el método umbral:

El método decipol utiliza un panel de unas 10 personas entrenadas para evaluar la calidad de un aire directamente en decipoles. Para ello utiliza como referencia la cetona 2-propanona y la producción del olor se basa en la evaporación pasiva de este compuesto que se hace llegar al panelista mediante un flujo de aire constante. Previamente se ha establecido (265 personas) la relación entre calidad de aire percibida en decipoles y concentración en aire de 2-propanona y esta relación se utiliza para entrenar a las personas que van a efectuar las mediciones.

Para la aplicación del método umbral se diluye una muestra de aire con aire limpio (sin olor) para determinar la dilución a la cual el 50% de un panel de 8 personas ya no puede distinguir entre el aire diluido y el aire limpio. El número de diluciones, expresado en unidades de olor por m3 de aire a 20 °C (u.o./m3), es el valor numérico para la concentración de olor de la muestra de aire original.

Una de las mayores dificultades que se presentan para la medición y evaluación de un olor es el amplio margen de variables existentes. Además de las diferentes percepciones individuales, hay factores tales como la humedad y la temperatura que afectan la sensibilidad para el olor e incluso pueden aumentar su intensidad. Por otra parte es difícil establecer generalizaciones en este campo, aunque los estudios realizados parecen indicar que las mujeres son más sensibles a los olores que los hombres.


Por Maria Adela Burgos y Marta Dailoff. Miembros de la Comisión de Seguridad e Higiene - CONICET Bahía Blanca.

Material elaborado a partir del artículo "Higiene Laboral. Olores: un factor de calidad y confort en ambientes interiores", publicado en la revista Estrucplan On Line. Salud, seguridad y medio ambiente en la industria.



[1] TLV: Abreviatura de "Threshold Limit Value" - Valor umbral límite. Es un parámetro toxicológico de referencia que nos permite conocer el nivel de exposición con el que podemos trabajar con seguridad ante la exposición  a un agente físico o químico; se refiere, en general, a concentraciones ambientales a las que casi cualquier trabajador puede ser expuesto día a día sin efectos adversos.

 
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